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Entre agua y fuego esta inscrito en el registro de la propiedad intelectual de Granada con el expediente GR-565-09.

domingo, 7 de marzo de 2010

El susurro de mi vestido sobre el suelo de mármol acompañado por el ruido de mis tacones y los pasos de mis acompañantes era todo lo que podía oír. Llegue hasta el final del pasillo donde me tope con unas enormes puertas de roble de casi tres metros de altura y dos metros de ancho. Con un estridente chirrido las puertas se abrieron de par en par dejando ver un oscuro salón iluminado solamente por una chimenea y antorchas en las esquinas. En el centro de la sala había una mesa redonda rodeada por once siluetas sentadas a un lado de esta, todas de frente a mí. Iba a entrar en la sala, pero el movimiento a mis espaldas me hizo pararme en seco. Con movimientos idénticos a los que habían usado para colocarla Susana y Marina retiraron la capa que me cubría. Tras esto no pude evitar mirar hacía Sol que asintió animándome a entrar. Mire de nuevo al frente y di un par de pasos más hasta cruzar el umbral. Fue en ese momento cuando mi guardia se separo de mí y fueron a colocarse contra los muros de la habitación. No me había dado cuenta, pero allí ya había previamente mas gente, los que supuse serían la guardia de los componentes de El Consejo de los doce.
-Acércate a la mesa.- la voz que nos había recibido volvió a sonar, esta vez claramente provenía de la figura central.
Con paso firme y una determinación que no tenía me acerque hasta ellos. No se me ocurría como saludar, pues sabía que había un ritual para esto, uno que yo había olvidado aprender. Desesperada busque ayuda entre mi guardia y encontré a Sol reclinada en la pared frete a mi. Con sutileza me indico que levantase mi vestido y sacase la daga que llevaba en el muslo, yo lo hice sin pensarlo, mostrando sin quererlo mis piernas al extraño público. Después me indico que clavara la daga en la mesa, creí que estaba loca o que pretendían que me mataran, pero cuando mire a la mesa que tenía delante y todas las marcas que esta presentaba comprendí que ella tenía toda la razón. Con toda la fuerza que fuí capaz clave la daga en la tosca madera, dejandola clavada en esta.
-Mis saludos miembros del consejo.- por suerte la respuesta no se hizo esperar.
-Devolvemos tus saludos Nalhué. Estas aquí esta noche porque debes ocupar el cargo que te a sido otorgado en este órgano.- y aquí estaba el problema yo no quería este cargo, yo no quería nada de lo que había ganado por asesinato.
-Esperamos que la casa haya sido de su agrado, es una de las propiedades más antiguas en el poder de los demonios.- tenía que decir lo que había venido a decir.
-La casa es preciosa pero…- antes de que pudiese terminar la frase el me interrumpió.
-Nos alegramos de que le guste. Sabe es usted un ser curioso, una profecía que anunciaba su nacimiento, un equilibrio perfecto entre dos especies, haciendo que en realidad sea parte de las dos y a la vez no pertenezca a ninguna, definitivamente querida se encuentra entre agua y fuego.- me miraba como aun proyecto de ciencias y eso no me gustaba un pelo. -Es usted realmente especial y en sus manos tiene mucho poder, ¿supongo que es usted consciente de ello? Siento mucho que mi colega el señor Onetti perdiese el control de esas formas, pero no podemos olvidar que se causa era noble, el se preocupaba mucho por su especie, que en parte también es la tuya, y….- en esta ocasión fui yo la que lo interrumpió, no tenía ganas de más charlas de cortesía.
-El caso ¿señor?-
-White, Marc White-
-Pues señor White, es que yo no quiero ser la heredera de su colega. No quiero la casa ni nada de lo que hay en ella, tampoco deseo cualquier otra de las propiedades del señor Onetti, así como tampoco sus cargos políticos-
La sala perdió todo el silencio que hasta entonces había reinado en ella, el resto de los componentes del consejo comenzaron a hablar entre ellos y a murmurar cosas inteligibles.
-Niña insolente,- la voz de una mujer surgió sobre el resto dirigiéndose directamente había mí.- como te atreves a venir aquí a cuestionar las leyes por las que nos hemos regido durante siglos, no conoces nada de nuestra especie y sin embargo eres capaza de rechazar lo que nuestra ley te da por haber estado en peligro.-
El bullicio seguía subiendo y entre el escando pude distinguir frases que hablaban de desacato a la autoridad y falta de respeto a las leyes. El hombre del centro volvió a recobrar el control de la sala al tercer intento, después de probar con gritos y llamamientos y no servir de nada utilizo sus poderes para churrascarlos a todos un poco.
-Eso que dices es muy grave- me hablaba de nuevo a mi -nuestras leyes son muy estrictas sobre este tema y nadie se a atrevido nunca en cuestionarlas porque ellas representan lo que somos. Como tienes una falta de educación sobre nuestra cultura puedo ser un poco más condescendiente contigo, pero aun así tengo que aplicarte un castigo.- no comprendía lo que decía, ¿Por qué querían castigarme ahora? -serás condenada a cumplir los deseos de la orden durante tres meses.- la evidencia me golpeo como un puñetazo, esos tres meses terminarían conmigo esperando por lo menos un niño y me negaba a que eso se produjese. Pero era verdad que yo estaba desobedeciendo la ley, y también era comprensible que quisieran que yo la respetase, pero tenía que salir de este nuevo aprieto como fuese.
Una idea acudió a mi mente, esperaba que funcionase, porque no tenía plan B.
-Disculpen si los he ofendido. El caso es que yo quiero hacer cumplir las leyes, y por este mismo motivo me niego a aceptarlo que me han asignado.- las miradas se clavaban en mi, unas con rabia, otras indiferentes, pero también las había curiosas y pensativas.- Como antes el señor White dejo bien claro yo no soy por completo demonio, así pues no puedo recibir toda la herencia.- desee con todas mis fuerzas que funcionase. -Por lo tanto el que debería heredar sería el primogénito del fallecido.- ahora si que me miraban todos con atención.
-El consejo tendrá en cuenta sus argumentos y su petición, pero ahora debe marcharse.- comprendí que Marc pretendía calmar los humos al hacer desaparecer mi presencia.
-De acuerdo, gracias por su atención- retire mi daga de la mesa y volví a colocármela en el muslo. Antes de que lograse darme cuenta mis hombres estaban de nuevo tras de mí y la capa descansaba sobre mis hombros.
-Vamonos a casa- suspire mientras cruzaba e nuevo el umbral mágico que nos había llevado hasta allí.
De nuevo estábamos en el edificio abandonado con la esperanza prácticamente perdida y un posible castigo cerniéndose sobre mis espaldas.
-Salgamos de aquí por favor.- con la misma rapidez de antes los hombres se encargaron de retirar los tablones y permitirnos el paso. Caminamos por las calles ahora desiertas, la visita que había parecido realmente breve se había extendido durante horas. Hacía nosotros se acercaba una pareja de jóvenes, ella apoyaba la cabeza en el hombro del chico y ella sujetaba con dulzura su cintura. Mis ojos se quedaron prendidos de la bella escena anhelando el poder disfrutar de esa tipo de cosas sin que alguien intentase apoderarse de mi vida. La pareja siguió hacía delante sin fijarse ni un segundo en nuestro peculiar grupo.
Al llegar ante la puerta de la mansión puede ver un papel blanco ondeando en esta, había sido clavado en la madera con un puñal muy parecido al mío.

El consejo esta discutiendo su petición, hasta entonces le pido encarecidamente que no haga nada más que pueda dificultar la situación. Estimo enormemente a Alejo y por ello le agradezco su deferencia hacía el chico, en agradecimiento a su actitud y por propio interés intentare por todos los medios que acepten.
Marc White.

Quede impresionada por como habría podido hacer llegar la nota hasta allí en tan poco tiempo, decidí que sería otro truco de demonios y que no tenía ningún interés en saberlo. Entre en la casa y antes de que nadie pudiera hacerlo por mí me quite la capa que cada vez me resultaba más pesada. Mi mal humor y mi falta de ánimo se hacían más que palpables en el ambiente, sobre todo por las pequeñas llamitas de fuego que jugueteaban entre mis dedos.
Camine hasta mi habitación sabiéndome sola, ya que había visto a todos mis acompañantes marcharse uno a uno o en grupos. El vestido se me enredaba en los tobillos y las botas ya no parecían ni mucho menos tan cómodas como cuando me las puse. Estaba mareada por el cansancio a causa del esfuerzo que había supuesto para mí abrir el portal, no conocía del todo mis poderes y en ocasiones gastaba más energía de la que podía permitirme. Prácticamente jadeaba pasillo adelante cuando la puerta de la habitación de Alejo se abrió.
-¡Señora, señora!- los gritos del joven demonio eran enloquecedores. Corrió por el pasillo hacía mi y literalmente te arrojo a mis faldas sollozando como un perrito abandonado. -Lo siento mucho, yo no se que a pasado, intente localizarla pero no sabía como- entonces comprendí que todo lo que iba mal era apenas un adelanto de todo lo que podía ir mal. Corrí por el pasillo arrastrando al chico de unos diez años conmigo. En la habitación prácticamente en penumbra Alejo brillaba en centro de la habitación, su luz que siempre había sido tan intensa para mí se veía tenue y distante. Se estaba apagando, lo notaba con cada latido de su corazón y de mío, veía como la vida se escapa de su cuerpo de forma constante, lenta y mortífera. Me acerque junto a su cama con las rodillas temblando y sudor frío mojándome por la espalda. Esto no debería estar pasando, todo el mundo me había dicho que se recuperaría, que solo se trataba de cansancio, pero ahora su vida se estaba extinguió antes mis ojos. Tome su mano y aparte algunos cabellos castaño de su frente, solo podía pensar en lo mucho que lo necesitaba, en tanto como anhelaba tenerlo junto a mí, yo que nunca había querido nada que nunca había deseado conservar nada con las suficientes fuerzas para luchar, era irónico que ahora que tenía algo, mejor dicho alguien, que quería conservar par siempre se escapase de mi sin que yo pudiese hacer nada, absolutamente nada. Abrí los ojos que había cerrado sin darme cuenta, -Siempre se puede hacer algo- me dije a mi misma, no había llegado hasta aquí para rendirme, Alejo era mío y no dejaría que nadie me lo arrebatase y mucho menos la fría muerte.

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