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Entre agua y fuego esta inscrito en el registro de la propiedad intelectual de Granada con el expediente GR-565-09.

miércoles, 27 de enero de 2010

Capitulo 19: Ordenes.

-Hija del agua, discípula del fuego, a los ojos malva, la luz lleva dentro. Descubridora de verdades, podrá sin quererlo, saber con su magia, la esencia del sujeto. Al calor de la llama, del amor primero, su sangre se derrama, con cada beso. De ella depende, el poder del momento, crear nueva vida, sin ningún complemento. Especie sin especie, agua sin el fuego, fuego sin el agua, pero igualmente completo.- la voz del joven hecha susurros impregnaba el pequeño salón. Hacía una semana que nos habíamos visto obligados a huir de la que yo había bautizado como “la casa de mármol”. Ahora estábamos en Italia, en el apartamento de una habitación que Alejo poseía. De forma precipitada y un poco precaria habíamos conseguido un vuelo hasta Roma, bueno, en realidad lo habían conseguido ellos, y aquí estábamos.
Abril estaba a las puertas, un calor poco común en este mes se había adueñado del clima. Yo estaba sentada en el quicio de la venta. Seguía utilizando ropa prestada, concretamente una camiseta blanca que me llegaba hasta las rodillas y unos pantalones cortos. Alejo estaba tirado en el sofá, cuyo respaldo le impedía verme. Me levante y me apoye en este, el miraba el techo.
-¿ A que viene esto ahora?- no habíamos tenido una conversación de verdad desde que nos marchamos.
-Querías saber la profecía, pero tu orgullo no te deja preguntar- vale si, ya me conocía bastante bien.
- ¿Por qué esas chicas? ¿Qué entendió tu padre en la profecía para elegirlas a ellas?- por fin pregunte tras una semana de desearlo.
-Sencillo, son hijas del agua, puesto que tienen madres afra-
-Yo también- aclare. El asintió y continúo.
-Son discípulas del fuego, puesto que sus profesores son demonios.-
-Para mi mí mentor fue mi padre, tal vez eso cuente- asintió de nuevo.
- A los ojos violeta, mi padre pensó que tendría los ojos de ese color-
-Bueno, yo creo que se refiere al color que desprendo-
-¿El color que desprendes?-
-Si, ¿te acuerdas que te conté que tu tenías una luz roja?-
-Si claro, eso sería la siguiente parte, la capacidad para ver la esencia del sujeto.-
-Pues, la luz que yo me veo es malva, una mezcla uniforme de rojo y azul.-
-La muestra del equilibrio- musito para si mismo. Luego miro directamente a mi cara clavando sus ojos naranjas en mí. -Y luego esta la parte que me hizo estar seguro de que eras tu.- me sonroje porque comprendí a lo que se refería -Al calor de la llama, del amor primero, su sangre se derrama con cada beso.- rápido como el pensamiento se incorporo en el sofá, sus brazos me rodearon antes de que me diese tiempo a respirar, tiro de mi y me dejo caer sobre el. Acabe sentada en su regazo, con sus estupendos brazos rodeándome y su boca a pocos centímetros de la mía. Demasiado pocos, la tentación me pudo y me abalance sobre sus labios haciéndole caer hacía atrás. El instinto me guío de forma eficiente, lamí sus labios, me deslice por su boca, disfrute cada segundo, note sus manos desplazarse por mi espalda hasta el trasero y entonces, la puerta se abrió y Clara, cargada de bolsas, apareció por ella. Se río sin disimular y se perdió en la cocina, mientras la vergüenza cubría mis mejillas de carmesí y Alejo simplemente se arreglaba el pelo.
Me levante rápidamente, pues aun estaba sobre el. Corrí hacia el baño y cerré la puerta con seguro tras de mí. Cuando me gire ante el espejo mi reflejo me recordó a un cartel fluorescente, las mejillas rojas y color malva que me envolvía. Escuche las voces que venían del salón.
-Siento la interrupción- Clara se disculpo entre risas.
-Si te dijera que no me importa te mentiría,- su voz era ronca y forzada -sabes lo que siento por ella.-
-Y tú sabes que eso es un triunfo para tu padre, uno con el que no contaba.- la risa de Alejo sonó como un gruñido.
-Ya ves, y él que intento que dejase de verla, porque decía que interfería en mi misión.-
La voces continuaron, pero ahora solo eran murmullos, de los que no conseguía entender nada. Mi imagen en el espejo ya no brillaba.
Salí del baño y pasando por el salón fui al único dormitorio del apartamento, en el que dormíamos Clara y yo.
Me deje caer en la cama doble, con la frente en la almohada. Me concentre en mis oídos. Sabía que tenía esa capacidad, así que tenía que aprender a usarla. Pasaron diez minutos en los cuales nada sucedió.
Resignada me levante de la cama y me dirigí a la puerta. El ensordecedor golpeteo tras esta me sobresaltó, era el latido de un corazón, me volví a concentrar en bajar el volumen, esta vez mi don respondió como si se tratase de un mando a distancia. Sobre el, ahora suave, sonido pude escuchar un toque en la puerta.
Sin responder volví a la cama, al poco la puerta se abrió, y mi percepción auditiva regreso a la normalidad. Alguien se sentó junto a mi, y me acaricio el pelo.
-No te preocupes,- susurro -no ha sido para tanto, Clara esta acostumbrada.-
No se que fue peor, todo se desbocó en mi interior, reagrupándose en mis manos. Como me sudaban intente secarlas, restregándolas con las sabanas mientras me incorporaba, automáticamente estas estallaron en llamas. El no presto atención al fuego mientras este consumía la ropa de cama.
-¡¿Cómo que esta acostumbrada?!- grite.
-No eres la primera, pensé que lo sabías, y desde que me fui a vivir con mi madre, pues, nunca me he escondido.- con un movimiento de su mano las llamas se extinguieron, convirtiéndose en cenizas. -Pero ninguna como tu, lo que siento por ti es especial y …- mi voz broto en un grito desgarrado.
-¡Mejor cállate!- su protesta se volvió muda, y todo rastro de voz pereció en el acto. Sabía que otra cosa rara acababa de pasar, pero no sabía que.
-Vale- susurre, con una idea de cómo arreglar el último problema -probaremos así: Habla.- ordene esperanzada, automáticamente una serie de improperios salieron de sus carnoso labios.
-Tienes que aprender a controlar eso, o acabaras matando a alguien.-
-Lo siento, es que no se como hacerlo- había avanzado un poco con lo del oído, pero aun no parecía oportuno decírselo.
-¿A que huele?- pregunto Clara entrando en la habitación -Parece seda quemada- y exactamente eso era, las preciosas sabanas rojas tenían un impresionante agujero de bordes tostados. -¿Qué ha pasado?- sus ojos azules no se apartaron de la cama, cuyo colchón también tenía manchas marrones allí donde las llamas lo habían lamido.
-Pues que aquí la “profetizada” tiene problemas para controlar su humor y sus poderes.- Clara me miro comprensiva, y luego me abrazo de formar tierna lo que me hizo recordar lo mucho que extrañaba a mi madre. -Y por cierto, tiene otro nuevo- su voz seguía teñida de resentimiento.
-¿Y en que consiste?- la sonrisa de mi anfitriona se ilumino con la pregunta, aunque su hijo no compartía el sentimiento.
-Pues, bueno, no se como explicarlo- dije mientras me frotaba la nuca.-
-Mejor demuéstralo- propuso ella, yo asentí y obedecí.
-Baila- ordene, puesto que era lo único que se me ocurría. Clara se agitaba al ritmo de una música que solo ella podía oir. -Es suficiente.- se detuvo de inmediato.
-Ya veo- murmuro - voy a ver si encuentro algo relacionado.- y tal y como había venido se marcho. Alejo iba a hacer lo mismo, pero lo evite.
-Detente- estaba segura de que me acostumbraría a mi nuevo poder mejor que a ninguno, aunque sus ojos llameaban cuando sin poder desobedecer se quedo quieto en el sitio. Yo me acerque. -Siento a verte hecho eso, pero no sabía controlarlo.-
-Pues has aprendido pronto, y sigues haciendolo.- gruño.
-Bueno, tampoco te pongas así, tiene su parte buena.- en su expresión se leía la incredulidad. Sonreí de forma involuntaria y continuación volví a usar mi nuevo don.
-Bésame- sus ojos se abrieron como platos antes de que sus labios se apretaran contra los míos con la fuerza de un huracán, yo respondí con la misma intensidad mientras irrumpía en su boca con mi lengua y le mordía el labio inferior, el me rodeo con sus brazos y me atrajo más. Sus caderas empujaban contra las mías cuando me aprisiono contra la pared. Yo me retire con la respiración entre cortada. -No tienes que besarme si no quieres- dije rebatiendo la orden anterior, pero el volvió a la carga bebiendo de mi como si fuese agua en el desierto.

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